LONDON EDINBURGH LONDON 2025: Belleza perfecta | Tormenta única
- cncarvaj
- 6 sept 2025
- 12 Min. de lectura
Actualizado: 6 feb
La London Edinburgh London 2025 para mí se resumía en pedalear 1.500 kilómetros entre lluvia, viento y paisajes británicos que algo prometían. Pero, sin imaginarlo, esta edición fue especial. La suspensión por la inclemencia climática dejó una experiencia algo rara pero igual memorable. Me hizo recordar que no siempre tenemos el control, que podemos encontrarnos con lo inesperado en el siguiente kilómetro y que en la incomodidad podemos hallar la mayor gratitud.
Desde la partida en Writtle había una atmósfera única. Nervios y emociones se mimetizaron con el ambiente local. Pedalear por la izquierda entre desconocidos y uno que otro freak, para pronto verme entre campos verdes interminables y, en minutos, bajo una lluvia intensa y terminar el primer día cruzando el imponente Humber Bridge en plena oscuridad.
Hasta que en Richmond, el segundo día, llegó el anuncio: prueba suspendida por una tormenta peligrosa al norte. Sin llegar a Edimburgo, “viví” hacinado en ese punto de control por casi 20 horas antes de partir de vuelta a Writtle. Misma ruta, distinto viaje. Sin reloj, sin presiones, y sin lluvia. Incomodidades, sorpresas y viento no faltaron…pero tampoco la buena compañía y los exquisitos postres. Aunque quizás sin la épica imaginada, el pedaleo resultó un genuino disfrute hasta la meta.
LEL 2025 fue especial. Pasó -sí- con un poco de pena, pero con mucho de gloria. De todas las posibles causas para no completarla, en mi agenda no estaba lo que pasó. Pero el valor a veces está en las sorpresas y en adaptarse a lo que hay. Porque incluso lo inesperado puede volverse inolvidable...

Cómo todo comenzó
“London Edinburgh London” (LEL) es uno de los eventos de ultra ciclismo más renombrados mundialmente. Su distancia es de alrededor de 1.500 kilómetros a ser completados en un tiempo máximo de 125 horas.
Es comúnmente nombrada como la “París-Brest-París británica”, y la organiza el “Audax UK” (el análogo de la “Audax Club Parisien”). De hecho, LEL tuvo su primera versión en 1989, inspirada en la propia PBP, pero con un sello británico.
Yo supe sobre LEL el 2023, al participar en la PBP de ese año. Me llamó de inmediato la atención y la apunté entonces como una interesante posibilidad.
En enero del 2025 me inscribí para postular a un lugar en LEL de ese año. No estaba aun totalmente decidido de querer participar. Sólo sabía que recorría 1.500 kilómetros, cubriendo buena parte del Reino Unido. Es decir, no sabía nada. A los pocos días recibí la confirmación y en minutos estaba inscrito oficialmente. Ya no podía volver atrás (bueno, en realidad sí).
La motivación la fui construyendo durante el año, de la mano con la preparación. Traté de entrenar con constancia por sobre todo, más que con alto volumen, sin saltarme días, hasta que en algún momento estaba pensando casi todos los días en algo sobre LEL.
Llegué a Londres el 28 de julio, 5 días antes de la partida, que sería el 03 de agosto. Me instalé en Chelmsford, pueblo a 1 hora y media al norte de Londres donde comenzaba la LEL.
Los días previos
Desde el 1 de agosto alojé en Writtle College, mismo lugar de la partida y meta de LEL, y centro de operaciones del evento. Era un campus universitario de la A.R.U. University. La organización ofreció -pagando más barato que alojamientos en Londres o mismo Chelmsford- alojar en los edificios de residencia estudiantiles, en dormitorio individual y baño compartido con otros participantes. Este mismo día me encontré con Leo, otro chileno conocido de muchas brevets, y además glorioso “finisher” de la misma PBP en 2023.
El 2 de agosto fue el registro y entrega del kit. Además de lo que traía el kit básico, se podía pagar para incluir algunos extras opcionales. Yo incluí un “tracker” (GPS) que llevaría encendido para permitir el seguimiento de mi ruta en vivo, y una powerbank muy liviana y pequeña que recibíamos full cargada y en cada PC podíamos reemplazar por otra igual cargada 100% (esto fue muy útil y práctico).
Este día previo, almorzamos con Leo en el mismo campus y por la tarde me dediqué a preparar la bicicleta y los dos drop bags, que entregué a las 16:00. Los drop bags debían pesar 2,5 kilos. Al entregarlos los pesaban y no podían pasarse ni medio gramo. Los míos los mandé al PC 6 (Richmond, Km. 467 de ida y Km. 1.066 de vuelta) y al PC 10 (Dalkeith, Km. 807).
DÍA 1 | WRITTLE a MALTON
Me costó mucho dormir la noche anterior a la partida. A pesar de que me sentía muy tranquilo, el cuerpo al parecer no lo estaba. Quizás dormir tanto y tan bien la noche previa me jugó en contra.
Me levanté a las 6:00 y a las 6:30 estaba tomando desayuno en el gran comedor de Writtle. Desayuné bien pero con prudencia para evitar partir con sorpresas en el estómago.
A las 8:00 estaba en el lugar de partida junto con Leo, quien partiría a las 16:30. El ritual de partida fue muy expedito, alegre y relajado. Si alguien tenía nervios, el cálido y cercano ambiente humano los espantaba y empujaba hacia esa rara pero bonita “burbuja” en que estaríamos unos cuantos días. Hasta que a las 8:30 en punto, simplemente nos avisan que ya partimos y en segundos estamos en las calles de Chelmsford para pronto internarnos en el “country side”.
La mañana estaba fresca y muy agradable, pero sabía que en cualquier momento podía cambiar y llover intensamente. Durante los primeros kilómetros decidí mantenerme siempre en grupo, sin importar la velocidad. Quería aprender y acostumbrarme a los modos, costumbres y convivencia, tanto con los ciclistas como con los autos.
El primer punto de control estaba en el km. 90, Northstowe. El camino era plano, pero por momentos el viento era muy fuerte. Con todo, sin demasiado esfuerzo y con tiempo para tomar fotos, se logró una media de 30 km/h hasta el primer PC. Antes de partir, había definido que comería bien en cada PC. Así que, después de poco más de 3 horas pedaleando, y a pesar de ser sólo media mañana, me comí un buen plato de fideos con carne y la primera dosis del afamado postre insignia de la LEL, el “crumble”. Por suerte, en el PC la fila para la comida no era muy larga. Eso sí, una vez más, fui prudente con la comida inglesa.
Seguí de la misma forma, pegándome a cualquier grupo que me encontrase. El clima estaba perfecto y el terreno también, así que al avanzar iba ratificando mi objetivo inicial de alcanzar este primer día el PC 5 en Malton (Km. 373).
En el PC 2 de Boston (Km. 193), tan sólo comí pan y tomé líquido, continuando rápido al siguiente PC 3, en Louth (Km. 248), que estaba a sólo 50 km. Allí, a las 12:30 recargué energía con unos fideos y papas.
Seguían unos 60 km. hasta el PC 4 de Hessle (Km. 305), que se hicieron muy largos por el fuerte viento, el desnivel que comenzó a aparecer y una muy intensa lluvia de aproximadamente 2 horas. Allí no supe muy bien qué hacer; decidí seguir a los locales, quienes siguieron pedaleando como si no lloviera. Total, sólo era agua. Efectivamente, el agua pasó y al rato estaba pedaleando seco y llegando al PC 4, en Hessle, no sin antes vivir la experiencia de cruzar el Humber Bridge en plena -y bella- oscuridad.
En Hessle (Km. 305) también comí, y me dispuse para el último empujón del día. Hasta aquí, me sentía muy contento; se estaba cumpliendo al pie de la letra mi idea general con que partí. Así que, al rato, en Malton (PC 5, Km. 373), después de estampar la tarjeta a las 02:47 ya del lunes (más o menos a la hora objetivo), a las 03:00 estaba cómodamente durmiendo en un colchón en el mismo PC.
DÍA 2 | MALTON a RICHMOND
Al despertar, tipo 06:00, llovía a cántaros, y se pronosticaba que seguiría así hasta la tarde. Tocaba salir y mojarse no más. Buen desayuno, vestido sólo con lo mínimo para mojarme, chequeo rápido de bicicleta con los mecánicos del PC, y estaba de vuelta en ruta pedaleando toda la mañana bajo la intensa lluvia.
A 40 km. del PC 6 de Richmond (Km. 467), hice una parada en un "pop-up CP", puntos de asistencia y abastecimiento no oficiales, pero bastante útiles y de inmensa calidez. Aquí miré el teléfono y leí mensajes sobre una posible detención forzada a los ciclistas más adelante, en Richmond, debido a una fuerte tormenta hacia el norte. No presté demasiada atención o importancia en ese momento. Al fin, para que me detuvieran en Richmond primero tenía que llegar a Richmond, pensé.
Afortunadamente, y dándome falsas ilusiones, el clima comenzó a mejorar. La lluvia se detuvo e incluso llegué a Richmond (Km. 467) con algo de calor, poco antes de las 13:00. Al llegar, nos confirmaron que no podíamos continuar momentáneamente por motivos de seguridad. La tormenta no cedía en el norte, se estaba monitoreando su evolución y se informaría en próximas horas. Aquí en Richmond tenía mi drop bag, así que lo primero que hice fue sentarme muy relajado a almorzar (doble postre de crumble), luego una ida más relajada al baño (primera de la ruta) seguida de una ducha y cambio completo por ropa limpia y seca (a Richmond había llegado con toda mi ropa mojada por lluvia). Mientras tanto, al PC seguían llegando más y más ciclistas y comenzaba a verse rebasado de gente por todos lados.
A las 15:00 nos comunicaron que aún no podíamos continuar, y que a las 19:30 se volvería a entregar un nuevo comunicado. Así que, como muchos, me fui a buscar una cama para dormir hasta las 19:00, pensando que a las 19:30 -quizás- podríamos retomar la ruta.
Finalmente, a las 19:30 llegó la comunicación oficial: LEL 2025 se suspendía. Así no más.
Bueno, no tan así no más. Fue una decisión muy difícil que la organización evaluó muchísimo considerando hasta último minuto varias alternativas para no tener que tomarla. Era evidente el desazón y tristeza de los encargados y voluntarios(as) al comunicar la decisión y entregar las directrices que venían.
Ya con el evento suspendido, debíamos igual permanecer dentro del PC hasta las 7:00 del día siguiente (mal que mal, era una tormenta lo que nos había detenido). Desde esa hora, nos dejarían salir de forma coordinada y ordenada (con toda lógica, ya que a esa altura el PC estaba saturadísimo, por lo que toda esa gente saliendo al mismo tiempo sería un desmadre peor que la tormenta). La organización dispuso todos los PC desde Richmond hacia el sur para que los participantes siguiésemos la ruta oficial de vuelta desde allí hasta Writtle.
Si bien la noticia no era la mejor, mi pensamiento no fue de tristeza. Considero siempre que con cosas como ésas -que no podemos controlar- no hay nada que hacer y eso incluye sentirnos mal. Hasta aquí habían sido 2 días espectaculares de pedaleo por estas tierras y, aunque sin llegar a Edimburgo, aquello podía extenderse por 2 o 3 días más. Después de contarle a Andrea -mi polola- lo que había pasado, me zampé otro buen plato de comida (qué más se podía hacer), estuve un rato en el teléfono y me fui a dormir en algún espacio en el suelo que difícilmente pude encontrar.
DÍA 3 | RICHMOND a BOSTON
Desperté a las 5:00 aproximadamente, luego de dormir muy incómodo en el suelo bajo una mesa en un pasillo. A pesar de lo grande del recinto, estábamos realmente muy hacinados, no había una metro cuadrado libre. El desayuno era desde las 6:00, pero había una fila larguísima, como era de esperarse. Así que terminé tomando desayuno a las 7:30. Luego, entre el caos interno para hacer cualquier cosa, filas para ir al baño y para lo que fuera, logré partir desde Richmond mi vuelta hacia Writtle a las 9:00 aprox.
Paradójicamente, el día era el de mejor clima hasta ahora. Soleado, sin tanto viento, ni rasgos de lluvia. 11:00 AM y me detuve en el mismo “Pop-up point”, para disfrutar algo dulce tranquilamente.
Mi plan para la vuelta contemplaba pedalear por otros 2 días al menos, avanzando durante el primero de ellos por los PC de Malton, Hessle y Louth; para seguir al día siguiente por los PC de Boston, Northstowe, Henham hasta Writtle.
Al llegar a Malton con toda la tranquilidad del mundo, se senté a comer, cuando se paró el encargado del PC a dar un nuevo aviso, que comenzó con “nos ha llegado el pronóstico del clima…”. Ya a esta altura, una nueva suspensión no me sorprendería, pensé. El pronóstico se refería a la velocidad del viento, que ya superaba las 50 m/h. Si llegaba a las 60 m/h, el puente Humber Bridge (que estaba justo después del siguiente PC, Hessle) sería cortado. Por tanto, nos dijeron que tuviéramos mucho cuidado con el viento, pero que en lo posible tratáramos de abandonar el PC de Malton, ya que habría más gente llegando en las siguientes horas y no querían generar nuevos anegamientos.
Por 5 segundos pensé en permanecer en Malton para no estresarme más. Pero luego decidí partir, siguiendo a varios que así lo hacían. En el camino hacia Hessle se puso a llover y fuerte. En Hessle, nos comunicaron que el viento seguía tal cual, así que con cuidado podíamos pasar por el puente. Nuevamente partí y confirmé que el viento, si bien era bien fuerte, no lo era tanto para impedir pedalear.
Después de cruzar el puente Humber Bridge, por la tarde, el viento cesó y quise apurarme para llegar a Hessle temprano, y poder tener un colchón y un lugar para dormir más cómodo que la noche anterior. Así que me fui sólo, despegándome del grupo con el que iba. Tanto me apuré y pensé sólo en llegar a Hessle antes de las 21:00 que. . . me pasé de largo. Sí, primera vez en mi vida que me pasa algo así, y me vino a pasar aquí. Muy raro lo que me pasó. En un momento comencé a dudar y aun así ni siquiera se me ocurrió detenerme a verificar o preguntarle a alguien que pasara. Cuando “entré en razón” y confirmé que me había pasado del PC de Hessle, ya estaba a 25 kilómetros del PC de Boston. Paré a avisarle a Andrea que estaba en ruta (le había dicho que la llamaría tipo 21:00 desde Hessle, ¡plop!), y luego pedaleé con todo para alcanzar a un grupito. Finalmente los alcancé y me mantuve con ellos por unos 15 kilómetros hasta el PC de Boston cerca de las 24:00.
Allí en el PC de Boston, lo primero que hice fue comer. Tenía mucha hambre, después de haber pedaleado unos 110 kilómetros sin parar, fuerte y en solitario. Hablé de nuevo con Andrea y luego me acomodé como pude con unas cajas de cartón en el piso y una frazada, a la orilla de un pasillo, para tratar de dormir lo más posible (obviamente, lejos de la comodidad que quería).
DÍA 4 | BOSTON a WRITTLE
El miércoles 6 de agosto, a las 5:00 AM me desperté con el ruido y luces que a esa hora ya se sentía allí en el pasillo. Escuché que se habían desocupado algunos colchones, así que me paré y fui a buscar alguno en la sala. Estuve allí unos minutos, pero si acaso logré dormir algo, no fue más de 20 minutos. Así que me levanté a desayunar, y allí me encontré con Leo, el otro chileno que estaba en este PC desde muy temprano el día anterior. Fue un buen encuentro. Desayunamos y seguiríamos pedaleando juntos todo este último día hasta Writtle.
El día estaba, de nuevo, con un buen clima, muy agradable para pedalear. Soleado pero fresco con algunas nubes en movimiento, y se ponía más caluroso mientras avanzábamos.
Teníamos 100 kilómetros hasta el PC de Northstowe, hasta donde llegamos a las 11:40 AM. Estuvimos aquí otro buen rato, entre un buen almuerzo, ajustes de ropa (ya a esta hora hacía mucho calor) y un pequeño ajuste mecánico en mi bicicleta. Salimos de aquí, incluso mojándonos los pies y la espalda por el intenso calor.
Nos quedaba una última estación antes de Writtle: el pc de Henham, en el Km. 1.494, donde marcamos a las 16:10 PM. Aquí, nuevamente nos tomamos nuestro paso con toda la calma. Aprovechamos la excelente comida que había, nos echamos un rato en el pasto y reanudamos para los últimos 40 kilómetros hasta Writtle.
Finalmente, marcamos nuestra llegada a Writtle a las 19:00 en punto. El ambiente estaba muy tranquilo, numerosos ciclistas que ya habían llegado y seguían llegando pero no se sentía repleto. Luego del trámite del Check in, devolver el GPS tracker y la powerbank y fotos de rigor, partimos a cobrar la “comida de llegada” al gran comedor. Para nuestra sorpresa, la “gran comida” fue la peor de toda nuestra LEL. Había sólo una ración de un arroz mezclado con no sé qué, sin sabor a nada. A los minutos nos enteramos de que justo en ese momento había un problema con la comida y que en realidad venía en camino. Pero ya habíamos cobrado el ticket, así que no le dimos más importancia. Decidimos dejar las bicis, cambiarnos y partir luego a comer algo fuera, pedaleando al pueblo de Chelmsford.
Fue un final tranquilo para nuestra rara primera LEL que comenzaba a terminar. La sensación era de una experiencia muy bonita y gratificante y, a pesar de que pudo haber sido aún mejor (de eso no teníamos dudas), estbábamos muy lejor de sentirnos con gusto a poco o con algo inconcluso, todo lo contrario. Guardé una especial gratitud hacia la gente, los voluntarios y organizadores. Una calidad humana inmensa, sensación que me di cuenta que era compartida por los ciclistas de todas partes y con infinitas otras experiencias para comparar. ¿Volveré? Quién sabe. Pero sí definitivamente es de las mejores experiencias que me vivido, y pasa a ocupar un lugar entre las posibles cosas por hacer en el futuro, más aun sabiendo que algo quedó por completar.

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